La cloaca del referéndum por el nuevo aeropuerto.


Imagen de PixaBay
Resulta ser que había una vez, un país en donde un presidente licitó (dicen) una mega obra para la construcción de un nuevo aeropuerto internacional que diera servicio a su ciudad capital. Dicen, los que saben, que no “obsequió” dichos contratos entre sus amigos, compadres y aliados ni que hubo corrupción de por medio ni nada.

Así pues, todos muy contentos por los miles de millones de pesos que se embolsarían…
Pero la felicidad no es eterna.

Nunca contaron con que un nuevo personaje, populista y demagogo, quien prometió terminar con “la mafia del poder” y hacer las cosas “bien”.

Dándole atole con el dedo a Juan Pueblo, éste personaje hizo un referéndum, en donde le preguntó a la población si querían o no que se cambiara o continuaran los trabajos de las licitaciones antes mencionadas.

No me voy a meter en el debate de si el proceso de dicho plebiscito fue el correcto o no, tomando en cuenta la cantidad ingente de información que hay al respecto.

Según “ya sabes quién”, Juan Pueblo habló: “Detengan las obras que ya están avanzadas porque son producto de la corrupción de la mafia del poder”.

Y que detienen las obras.

Aquí es donde comienzan a torcerse las cosas.

Más allá de los contratos, las consecuencias legales por incumplimiento y los millones de pesos que ya se usaron; hay dos cosas que no termino de comprender.

Uno.
¿Cuál fue el motivo para someter a consulta popular la construcción de un nuevo aeropuerto, tomando en cuenta que Juan Pueblo NO viaja en avión? Con problemas tiene dinero para mal comer, ya no digamos para viajar en un guajolotero de tercera.

Haber. Estoy seguro que nadie se detuvo a pensar en algunas cositas: No hay transporte público de calidad directo que se dirija a la que quieren que sea la nueva sede del aeropuerto. A eso hay que sumarle el costo de las casetas de peaje –porque no se pagan solas-. Si decides ir en tu auto particular, si tienes, súmale la gasolina (no perder de vista el hecho que todos los meses cuesta más cara), y si tienes la estúpida idea de tomar un taxi desde tu casa que está en la Ciudad de México; ¡sorpresa! En el momento que toquen las llantas delanteras del taxi el límite con el Estado de México, la tarifa es doble. ¿Qué? ¿No lo sabías? No lo digo yo, lo dice la legislación vigente. Y no digamos ya usar un Uber, que además de caro y un mal servicio (donde hay honrosas excepciones y éstas son, desgraciadamente, las menos), so pena que los ojetes conductores te droguen, te roben, te violen y te boten en un paraje oscuro y alejado. (SI no me crees, sólo necesitas buscar tooodas las noticias que hay en ese respecto.)

Y para acabarla de patear –por no decir de rechingar-, tendrás que invertir, al menos; un par de horas más para llegar al aeropuerto (el tráfico también cuenta, tomando en consideración que todo el día, todos los días, es hora pico en Ciudad de México).
Dos horas en las que llegas, más otras dos que tienes que estar ANTES para abordar, ya son cuatro; más casetas, gasolina, tarifas, etc.

Dos.
¿Por qué razón, ya sabes quién, no se agarra sus caniquitas que dice tener y dice: “Haber cabrones. Por mis webitos no se hace el pinche aeropuerto aquí y se chingan”? ¿Por qué tiene que esconderse detrás de la opinión experta de Juan Pueblo? Todavía no toma posesión y ya se comporta de la misma manera de lo que dice, viene a erradicar.

Una vez escuché un comentario que reza:

“Para saber qué clase de político es un político, solo basta con fijarse qué clase de personas son las que lo votaron.”
Y pues eso, perfilen a sus seguidores y simpatizantes.

Al tiempo.